HACIENDO DISCÍPULOS AL ESTILO DE JESUS
Hay algunas preguntas que deberíamos hacernos en nuestra tarea de hacer discípulos semejantes a Cristo. ¿Qué clase de discípulos somos? ¿Qué clase de discípulos estamos haciendo? Generalmente esta acción esta mas enfocada en el hacer que en el ser y esto hace más difícil la tarea. Si queremos hacer discípulos semejantes a Cristo no podemos pasar por alto cual fue el método que El empleo para formar a sus discípulos, su método implicaba diferentes enfoques. El primero fue lo que enseñaba con su propia manera de ser: “ejemplo os he dado” (Juan 13:15). Esto implica ser modelo. En segundo lugar. Se ocupo de dar a sus discípulos una capacitación práctica por un largo período de tiempo (Hechos 20:31). En tercer lugar, El le delegó responsabilidad.
Debemos de simplificar los métodos y considerar estos componentes en nuestra tarea de hacer discípulos, considero que si falta cualquiera de estos no estaríamos formando discípulos al estilo de Cristo.
En primer lugar, consideremos que clase de modelo somos.
La mayor parte de lo que somos hoy es el resultado de lo que hemos observado y escuchado de otros a lo largo de nuestra vida.
Hacer discípulos es un proceso que comienza por el ejemplo porque el carácter no se enseña, sino que se modela, se muestra. Esa fue la razón por la que Cristo les pidió a sus discípulos que dejarán sus ocupaciones para estar con El (Mar 3:14) y adiestrarlos.
En muchas ocasiones en los Evangelios vemos a Jesús compartiendo solo con sus discípulos, después de haber estado con las multitudes, para explicarles y que pudieran comprender las razones y los principios que motivaban sus enseñanzas (Mar 13:10-15, Mar 4:11, Mar 4:34). Él se concentraba en moldear sus caracteres, no en suministrarles simple información. Por lo que los discípulos vieron y oyeron los afectó radicalmente, de tal manera, que pudieron hacer la obra que Jesús les encomendó para su tiempo, que era una obra que superaba todas sus posibilidades. Al observarlo y escucharlo sus vidas fueron transformadas radicalmente, y de simples personas sin educación fueron transformados en ministros funcionales, llenos de gracia y de poder (Hechos 6:8), y aún muchos de sus adversarios atribuyeron ese cambio al hecho de que habían estado con Jesús (Hechos 4.13).
Resulta mucho más fácil para un discípulo convertirse en algo que puede ver que en algo acerca de lo cual solamente escucha. Quienes tenemos esta responsabilidad debemos ser cartas abierta dejar que las personas que discipulamos observen nuestra vida, ministerio y amor a Dios y a nuestros semejantes. Mientras más tiempo pasen juntos más efectivo será el discipulado (Proverbios 27.17).
En segundo lugar, debemos de considerar el adiestramiento práctico.
No existe adiestramiento real sin participación, sin actividad práctica.
Las habilidades se desarrollan mejor, y los conocimientos teóricos se fijan más rápidamente, mediante la aplicación práctica del conocimiento.
Jesús fue el más grande Maestro que ha existido sobre la faz de la tierra porque El armonizó perfectamente el conocimiento que les impartió a sus discípulos con la participación práctica.
El les aconsejó que pusieran en práctica lo que les había enseñado porque a medida que lo hicieran entenderían mejor lo que habían oído (Mar 4:24).
En tercer lugar, debemos de considerar es la delegación de responsabilidades.
Después de que los discípulos observaron la vida y ministerio de Jesús, y luego de recibir los principios básicos para la formación de su carácter, les dio la oportunidad de practicar lo que habían aprendido, asignándoles responsabilidades crecientes, desde tareas domésticas y/o administrativas simples hasta tareas ministeriales.
Para delegar esas responsabilidades efectivamente a sus discípulos, utilizó cuatro principios:
PRIMERO. No delegó responsabilidades prematuramente. La delegación prematura puede alimentar el orgullo y reforzar el concepto mundano de que las habilidades y los talentos producen fruto.
SEGUNDO. Delegó con claridad. Definió específicamente la responsabilidad y los resultados que esperaba. No debemos dar como un hecho que nuestro discípulo sabe cómo cumplir con la responsabilidad que le hemos asignado a menos que lo hayamos hechos previamente con él, o que nos haya visto hacerlo. Debemos estar seguros de que entiende claramente los resultados que esperamos.
TERCERO. Delegó gradualmente (Luc 16.10). La delegación de responsabilidades se debe iniciar despacio, comenzando con tareas pequeñas que tengan un alto grado de posibilidad de éxito para fortalecer la seguridad de los discípulos. Esta delegación gradual ayuda a evitar errores innecesarios que dañen la confianza de los discípulos porque los fracasos originan inseguridad.
CUARTO. Inspiró confianza. Nuestros discípulos deben saber que tenemos confianza en sus habilidades para realizar la tarea que les hemos señalado y que nos agradamos por las tareas bien realizadas estimulándolos y dándoles reconocimiento (2 Tes 1.3-4, Fil 4-5). Hagámosles comentarios que conduzcan a mejorar en lugar de estancarnos en sus fallos transitorios. Nuestra actitud más que nuestras palabras incrementaran su confianza. Debemos asegurarnos de que ellos sientan que están haciendo una contribución significativa. Los hombres a quienes Cristo adiestró después delego responsabilidades
En conclusión, nuestra tarea de hacer discípulos semejantes a Cristo podríamos simplificarla en lo que dijo el apóstol Pablo en (l de corintios 11:1) Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.